Los estudiantes no pueden aprender si no se sienten seguros. Esa fue mi experiencia cuando mi hijo mayor estaba en la escuela secundaria y era el único estudiante varón negro de su clase. Los docentes y el personal no pueden rendir al máximo si no se sienten apoyados.
Cada estudiante merece un entorno de aprendizaje donde se sienta incluido y donde se respete su seguridad física, emocional y psicológica. Debemos seguir invirtiendo en la prevención de la violencia, prácticas restaurativas, apoyo para la salud conductual, estrategias de intervención y una cultura escolar positiva.
La seguridad escolar no depende de un solo programa. Es el resultado de relaciones sólidas, recursos adecuados, expectativas claras y adultos que brindan apoyo y trabajan juntos para crear entornos donde los estudiantes puedan prosperar.
La experiencia de mi familia nos ha demostrado que la comunicación es fundamental para la seguridad, y me gustaría trabajar para asegurar que más padres sepan que pueden hablar con los docentes y directores para comprender mejor a cada niño y brindarle el apoyo necesario. La participación y una mejor comunicación también fomentan la confianza, que es clave para la seguridad.